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Florencio Molina Campos
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| El
juego ´el pato. |
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| El de laj once y sais. |
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| Aplicao a beyaquiar. |
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| Aparceros. |
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| Agüiiita fresca. |
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| A la moda ´e los pampas. |
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| Date prieso. |
El
21 de agosto de 1891, nace Florencio Molina Campos a 3,30 hs., en
casa de sus abuelos maternos Don Manuel Ladislao Campos Escobar
y Doña Josefa Delfina Campos López Camelo, situada
en la calle Lavalle 1693 de Bs. As. . Son sus padres Don Florencio
Molina Salas y Doña Josefina del Corazón de Jesús
Campos y Campos, ambos in-tegrantes de las más linajudas familias
porteñas entroncadas con los más importantes per-sonajes
de la Colonia y la historia nacional.
El 3 de octubre del mismo año, el Dr. Eduardo O´Gorman,
pá-rroco de San Nicolás de Bari, lo Bautiza como Florencio
de los Angeles. Son sus padrinos su abuelo materno Don Manuel Ladislao
y su abuela paterna Doña Florentina Salas de Mo-lina. El niño
asiste a los co-legios de Lasalle, del Salvador y Nacional Bs. As.,
Pero en las vacaciones visita la estancia paterna de "Los Angeles"
en el pago del Tuyú (hoy Gral. Madariaga),
parte de una más antigua "San Isidro", del pa-trimonio
ancestral de los Cam-pos. Allí aprende a querer y a conocer
profundamente a los hombres de campo y a pren-darse de los paisajes
pam-peanos que infinitas veces llevará a sus cuadros.
En
esa estancia nace su voca-ción. Según su propio testi-monio,
"allá por 1900, las torrenciales lluvias inundaron los
campos en las zonas bajas próximas al Atlántico donde
mi padre tenía una estancia. Ese invierno quedamos rodeados
por las aguas. El relativo con-fort de la casa y sus depen-dencias
hizo más llevadero nuestro aislamiento. Salvo unos cuantos
animales para nuestra subsistencia, todo el ganado fue llevado a
gran distancia, a campos altos, hasta que pasara la creciente. Las
jornadas interminables de persistentes lluvias, nos tenía
encerrados. Nuestros padres alternaban sus quehaceres dándonos
lecciones preparatorias para nuestro fu-turo escolar. Así,
de nuestras distracciones tan simples y el cúmulo de escenas
de que fuimos testigos del diario tra-jinar de los peones, saqué
la impulsión incipiente a traducir en nuestros juegos, al
imitar su lenguaje, sus ademanes, su indumentaria y la inacabable
variación de los peligros de sus faenas. recuerdo que luego
en la mesa del comedor, formaba estancias con los más minuciosos
detalles y con láminas de plomo de los envases de té,
recordaba los elementos que lo poblaban.
Ahí
empezaron a moverse mis primeros gauchos, cuando yo cumplía
9 años de edad. El ciclo escolar transcurrió en internados
en Bs. As. y las vacaciones en la estancia, donde nos esperaba el
ansiado premio de nuestros petisos (descendientes de los "Shetland
Ponnies" que mi abuelo fue el primero en traer al país).
De tarde en tarde, tal vez borroneé algún dibujo y
tracé las pretensiones de algún cuento, siempre con
cierta inclinación humorística. Los estudios y luego
el trabajo, no me permitieron avanzar en aquello. Tuve que sufrir
alguna pena honda, ya hombre para reencontrar en la ejercitación
de aquellas intentonas una especie de refugio espiritual. Corriendo
el tiempo, ya fue el afán incansable de todos los días.
De la estancia del Tuyú, pasan alrededor de 1905 a "La
Matilde", en Concordia, Entre Ríos, frente al río
Uruguay, arrendada a don Jayme Vieira. Allí se prolongan
los días felices de la niñez. Tienen casa en el pueblo
para la familia, pero las delicias de los varones, es permanecer
en el campo, entre la peonada, visitando puestos, ayudando, para
aprender el ancestral arte de los estancieros".
Más
de una travesura recordará Don Florencio de esos años
felices, como el gran incendio que provocaron al querer quemar unas
pajas bravas, o cuando casi muere ahogado en las aguas del Uruguay.
Pero ese mundo feliz se quiebra abruptamente el 26 de marzo de 1907
en Concordia, donde muere repentina e inesperadamente Don Florencio
Molina Salas, su padre. De allí en más todo será
diferente. Comenzará a sentir nostalgia por el mundo perdido
y a volcar en cartones las escenas camperas que lo harán
famoso. Debe trabajar e ingresa al correo y más tarde al
Ministerio de Obras públicas. En un ínterin trabaja
en la Sociedad Rural Argentina, en la sección del Herd Book.
Allí colabora con instituciones afines y se prepara para
independizare. La vida parece sonreírle. Se casa el 31 de
julio de 1920 y se instala comercialmente en Florida 470, bajo el
rubro "F. Molina Campos y Cia - comisiones en general".
Viaja a Chile a vender ganado, donde interviene en varios jurados
y traba relaciones comerciales. Desde el 26 de agosto es socio activo
de la Sociedad Rural Argentina, presentado por el Dr. Joaquín
S. de Anchorena y Domingo J. Olivera. Al año siguiente nace
su hija Hortensia María y en diciembre debe disolver la firma
por problemas económicos y desencuentros con su único
socio. Se derrumba uno de sus sueños, de continuar con la
tradición familiar relacionada con la vida agropecuaria del
país, desde varias generaciones atrás. Ante el desastre
intenta al año siguiente una nueva empresa. Se va con su
hermano Carmelo al Chaco, a ocupar un campo sito en Tomás
Young, vía Bandera, en la Provincia de Santiago del Estero.
Escribe en setiembre de 1922: La vida que hacemos es muy otra de
la que he hecho siempre. Nunca salí al campo sino a pasear
a las estancias de mi padre, en vacaciones, y la vida que se hace
aquí, al menos la nuestra, no la hace ni la habrán
hecho ninguno de la ciudad que haya estado aquí. Nosotros
cocinamos, nos lavamos la ropa, ordeñamos, hachamos en el
monte y acarreamos palos largos, a veces al hombro, para ayudar
al único caballo que tenemos... para cercar la casa y la
huerta que estoy sembrando.
Al
cabo del día, con los brazos, manos y piernas a la miseria
de espinas y solados, todavía a cocinar y lavar los utensilios
y caemos como piedras a la cama. ¿A que?, ¿a dormir?
"No", a luchar con vinchucas, cucarachas, y mil otros
parásitos que anidan en el miserable rancho en que vivimos".
En otra carta, a su amigo Dr. Alfredo Vitón le cuenta "Hemos
cortado quebrachos como de cinco metros de largo y horquetas que
hacen de postes para sostener a aquéllos; los hemos traído
parte a la rastra y el resto al hombro; hemos hecho los pozos para
los postes y en fin, así se han cercado cerca de media hectárea
donde pondré verduras. Ahora viene lo más grave: araremos
y ¿cómo vamos a tener la sementera librada al tránsito
de las haciendas de los pobladores vecinos?" A uno de sus primos
le pide plantas de adornos para hacer un jardín. Allí
le llega la demanda de divorcio, que será decretado el 17
de octubre de 1924. Fracasada la experiencia del Chaco por una violenta
helada, retorna a Bs. As. a comenzar una nueva vida. Intenta ingresar
a un banco, retoma los pinceles con nuevas fuerza, intentando olvidar
los infortunios pasados. Desde 1915 le había dado un cierto
tono humorístico a sus personajes y sigue escribiendo cuentos
camperos. A fines de 1924, Emilio J. Saporiti lo presenta por carta
a La Prensa. "Se trata de un muchacho ya ducho en narraciones
y cuentos criollos, de los que ha publicado algunos y que tiene
producciones que reserva para La Prensa de los domingos". Molina
Campos va acumulando dibujos en secretas carpetas que guardaba los
primeros intentos en acuarela. Son escenas de la vida en las estancias
y los caminos de La Pampa. Además producirá numerosos
paisajes, marinas y hasta una serie de peces de colores que firmará
con nombres franceses y fechas pasadas, para poder de esta manera
ubicarlas en el mercado. Quiere ser además un escritor gauchesco,
pero su destino estará signado por la pintura y el dibujo,
en cuyo mundo entrará con miedo. Tiene demasiado presentes
a los genios clásicos del Arte y compara con vergüenza
sus propios trabajos con los de ellos. Pero el tiempo le hará
saber que para ser grande y poder alcanzar un lugar en la historia,
hay que ser auténtico. Molina Campos siempre lo fue, hasta
el último día de su vida.
En
1926 un amigo le insta a que exponga sus trabajos. Le cuesta animarse.
El no ha recibido instrucción artística alguna. Admira
demasiado el arte clásico y tradicional y lo que él
hace le parece sin importancia alguna, solamente para ser mostrado
entre amigos. Un "divertimento" casero, un refugio en
los años de la infancia, un sedante, una laborterapia, una
acotación risueña al tedio cotidiano.
Pero los amigos insisten. Su relación con la Sociedad Rural
Argentina es estrecha; fue empleado y socio activo y sus antepasados
contribuyeron a fundarla. En el Galpón Central de Palermo
se efectuará la muestra, durante la tradicional Exposición
anual
El
catálogo tiene un mate y una yerbera con una agarradera en
forma de corazón y lleva el título de "Motivos
Gauchos" (caricaturas). Exhibición: 21 de agosto de
1926 y días subsiguientes. Presenta 61 trabajos. Un buen
regalo de cumpleaños será esta primera exposición.
Molina Campos cumple ese día 35 años. El público
queda sorprendido por la gracia de las obras y encuentra parecidos
entre sus conocidos. Aún los personajes distan mucho de ser
los de las épocas clásicas; los caballos tienen vasos
enormes, ojos saltones y grandes, con las costillas marcadas de
puro flacos. Las personas que siguen también esta temática
y aun los animales domésticos, pero en todos los temas predomina
la misma intención risueña.
En
1958 Edward Larocque Tinker crea la Fundación Tinker, con
el objeto de promover una mejor comprensión entre los Estados
Unidos e Hispanoamérica. Tinker, después de Powers,
es el gran admirador de Molina Campos en Norteamérica. (Dicha
Fundación Proveerá en 1972 de 42 originales a la Fundación
Molina Campos).
La salud del artista es precaria; en 1958 había sido intervenido
quirúrgicamente y en abril, por una mojadura, sufre inconvenientes
serios. Repuesto, piensa en hacer un viaje a Mendoza. El 24 de mayo
a las 10, el Rotary entrega como primer premio "al mejor compañero"
de las escuelas de la Capital, ejemplares del "Fausto"
ilustrado por Molina Campos. Despide los restos de Ramón
Columba en nombre de la Asociación Argentina de Música
de Cámara. Del 1 al 17 de octubre se realiza una exposición
con 80 obras de Molina Campos, en la Galería Argentina (ya
desaparecida), bajo los auspicios del Instituto Cultural Argentino
Norteamericano. Habla en la inauguración el agregado cultural
de la Embajada, Sr. Edmund Robert Murphy. Será su última
exposición. Se le ve muy agotado. Después de este
esfuerzo emocional y físico , se va con su esposa a "Los
Estribos" de Moreno, su refugio espiritual. Allí un
disgusto lo espera. Molina Campos había comprado en 1944
un pobre caballo que tiraba del carro de un vecino y recibía
de éste el peor de los tratos. Estaba lleno de mataduras,
que daba pena verlo. Después de un forcejeo por el precio,
aumentado por el interés de Don Florencio, consigue arrancarlo
de las manos del vecino. De "Guacho", como lo llamaban,
pasa a ser "Gaucho". El caballo, de una vida desgraciada,
se hace tan regalón como un perro y responde al amo de tal
manera, hasta convertirse ambos en un centauro, no heroico, pero
si, doméstico. A principios de noviembre el "Gaucho"
se enferma y luego muere. Los vecinos, al verle cavar la fosa, le
aconsejan que lo queme o que lo haga retirar por la municipalidad.
Don Florencio no puede admitir semejante cosa; su caballo quedará
allí, en "Los Estribos", Y lo entierra sin ayuda
alguna.
El
esfuerzo fue enorme, tremendo para su estado de salud. El 27 de
noviembre del año anterior había escrito sobre el
gaucho. "He sostenido siempre que la ilimitada visión
de la pampa, lo inducían a ir lejos, sin vacilaciones, como
animado por la suprema ansia de libertad, como el viento pampero.
Y, así se va silencioso, sufrido y arrogante, hacia el país
Trapalanda, "a un cielo donde haya caballos". En ese cielo
lo esperaría, como al gaucho, su "Gaucho", días
después. Molina Campos no podía entrar a la eternidad
de a pié. Tras el esfuerzo, su salud deja mucho que desear,
se le interna en un sanatorio, ya M. T. de Alvear, para hacérsele
una revisación general. En su caballete ha dejado un ombú
sin concluir, como presagio del invierno, Está leyendo el
libro "Señores de la Tierra" (Rastrillada de bárbaros),
de Elías Arze Bátidas (Santiago de Chile, 1953), y
llega significativamente hasta el capítulo "Cara a la
muerte" y deja de leerlo en la página 172. Se agrava.
Sus hermanas le traen un sacerdote. El lo acepta con agrado; Es
un padre de la Iglesia de Ntra. Sra. de las Victorias, a quien le
había regalado un nocturno suyo expuesto en la última
muestra. En el cielo oscuro brilla la cruz del sur, la protectora
de sus noches pampeanas de témpera y nostalgia. El sacerdote
lo confiesa; no quieren que se alejen los íntimos, en especial
Elvirita. "Padre - le dice al sacerdote - el único gran
pecado de mi vida ha sido querer ha esta mujer" señalando
a su esposa con quien no pudo casarse por la Iglesia. Luego comulga
y se adormece. Es el 16 de noviembre. A las 18:15, cuando van a
comenzar la hora de la oración, muere en su Buenos Aires
natal.
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