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Juego de cañas
El
juego de "cañas" quedóles a los españoles
desde el tiempo de la dominación de los árabes y ellos
lo importaron junto con sus costumbres a sus colonias de América.
Consistía en ejecutar variadas evoluciones a caballo, tales
como figurar en combate, describir corriendo, a escape, al tranco
a veces, graciosas curvas, círculos, semicírculos,
combinando así figuras, ya en grupos, ya en hileras, de lucido
efecto. En una corrida de toros, era de indispensable ejecución,
en días señalados, el juego decañas. En cada
uno de los cuatro ángulos de la plaza dispuesta a aquel objeto,
colocábase un grupo de diez personas, buscadas en las familias
principales, las que vestían lujosamente, según la
cuadrilla a que pertenecían el traje nacional de indios,
de turcos, galanes o españoles (después fueron gauchos)
y africanos. En las tres primeras deslumbraba en los vestidos de
los jinetes y en los arneses de sus hermosos caballos, el oro, la
plata, las piedras preciosas, las plumas de colores y los bordados
en el raso y en terciopelo, de que estaban recargados. En la última
se apuraba lo grotesco y lo extravagante, era la que desempeñaba
el rol del gracejo en la fiesta. Cada uno de los jefes de cuadrilla,
acompañado de dos de los suyos, entraba por su turno a la
plaza a son de música, en caballos que al compás de
ésta levantaban y asentaban sus patas delanteras con airoso
movimiento. Llegaba hasta ponerse inmediato al palco de la primera
autoridad, a la que dirigía una arenga, titulándose
embajador del soberano de la nación que representaba según
el traje que vestía. El indio la pronunciaba en el dialecto
pehuenche, el negro champurreando graciosamente el castellano, los
demás en este idioma. En seguida, salía a gran galope
un jinete de uno de los grupos y pasando por el frente del que estaba
colocado en el ángulo colateral, salta de éste otro
jinete que le perseguía con bolas de naranjas, y lanzándoselas,
si tenía destreza, ceñíale con ellas el cuerpo.
El perseguido detentase en el grupo opuesto al suyo y de ése
desprendíase otro jinete haciendo lo mismo con el perseguidor
y así en este orden continuaba corriendo hasta quedar los
grupos en posiciones opuestas a las que antes ocupaban. Terminaban
sus ejercicios con las carreras giros de que hablamos al principio. |