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El pato, un pasatiempo célebre
Desde
tiempos remotos introdújose y fomentóse entre la grande
concurrencia de paisanos que se reunían en las barracas,
el célebre juego denominado del Pato, que tuvo entonces el
imán de apasionar a los campesinos
El jugo del Pato
consistía en abrochar un cuero vacuno por todos los costados
para dentro de él poner un pato u otra ave cualquiera doméstica.
Encerrábase no pocas veces en dicho cuero alhajas y sortijas
de todo género que habían de ser premio del partido
vencedor.La pelota de cuero tenía tres manijas una a cada
lado y la tercera para atrás. Formábanse dos bandos
de jinetes que iban a disputarse el triunfo. De ordinario, componían
el primer bando los vecinos de Luján; el segundo lo componían
los paisanos de otro partido, como, por ejemplo: del Pilar. Había
un punto determinado de partida que por lo común en los días
de fiesta de la Virgen eran las barracas y otro punto de llegada,
que era por lo general una estancia situada en el deslinde de ambos
partidos contendientes, donde esperaba a todo el paisaje una gran
comilona de carne con cuero, pavos rellenos, carbonadas, sabrosos
pasteles, ricas mazamorras, postres y vinos abundantes y cuyo costo
quedaba a cargo de los individuos del bando vecino.
Principiando el juego, un individuo de un partido tomaba una de
las expresadas manijas y otro individuo del otro partido tomaba
la segunda manija y en esta forma se echaban a correr seguidos de
todo el concurso de los paisanos, entre una gritería y algazara
indescriptibles. Mientras al correr de los caballos hacían
entre ambos esfuerzos inauditos, para quitarse mutuamente la presa,
todos los individuos de uno u otro bando se precipitaban para asirse
de la tercera manija con al objeto de traer al manijero de su partido
una poderosa ayuda, pero entretanto todos los concurrentes de cualquier
bando indistintamente no cesaban de hostigar a sus adversarios para
lograr fatigarlos no perdonando a menudo ni siquiera los golpes,
para que el adversario soltase la manija, hasta que rendido de fatiga
y a veces de golpes, caía al suelo uno de los tres entre
las patas de los animales que lo estropeaban y muchas veces causaban
su muerte. Aquellos que quedaban dueños del Pato echaban
a correr con la mayor velocidad para conseguir que no pudiese alcanzar
la manija soltada algunos de los adversarios. Si conseguían
su intento ellos y los de su partido, al llegar al punto determinado
eran proclamados vencedores, pero si alguno del bando opuesto conseguía
echar mano e la manija soltada volvía a empezar nuevamente
la lucha que acabamos de narrar y que solía terminar trágicamente
cual la primera.
Los aficionados al juego del Pato adiestran los caballos con tanta
proligidad, como hoy se cuidan los caballos de carreras. Había
caballos tan diestros y hábilmente enseñados, que
llegaban a quedarse parados en las patas o echados hacia atrás,
a fin de ayudar a la fuerza hercúlea que hacía el
jinete, para no desarsirse de la manija que en sus extremos estaba. |